Terri White | Reseñas 6/02/18

Reseña 'Three Billboards Outside Ebbing, Missouri': Divertida, brutal e increíblemente hermosa

SINOPSIS
Mildred Hayes (McDormand) busca justicia para su hija muerta, provocando mediante tres espectaculares dirgidos a la policía local —que incluye al empático Jefe Bill Willougby (Harrelson) y al racista oficial Jason Dixon (Rockwell)— para que se pongan las pilas. Pero, ¿logrará justicia?

La tercera película escrita y dirigida por el poeta profano Martin McDonagh es una meditación cruda sobre la naturaleza de la pérdida, el duelo y la venganza. Sin embargo no es sólo OTRA historia sobre la pérdida, el duelo y la venganza, y tampoco es la historia sencilla que te imaginas: la del dolor de una madre y su camino de redención para alejarse de él. Three Billboards Outside Ebbing, Missouri se clava y analiza ese dolor horrible, el fuego del duelo incluyendo las presunciones y preconcepciones que hay más allá, sin olvidarse de las pequeñas realidades ni las verdades profundas. Este es el McDonagh más complejo, pintando en gama de grises las crueldades que nacen de las heridas recientes.

El filme arranca con tres espectaculares desgastados en un camino por el que ya nadie pasa fuera de Ebbing, Missouri. Aunque originalmente empezó siete meses antes, cuando la hija de Mildred Hayes fue violada, quemada y abandonada a un lado del camino. El silencio que ha definido la investigación de su asesinato ha provocado que Mildred (McDormand) se endurezca y se prepare para la batalla.

Cuando la vemos pagar 5 mil dólares para rentar los espectaculares por un mes, viste un overol azul marino y una bandana que la hacen parecer una guerrera; su cara, su voz y todo su ser está desesperado por satisfacer su sed de justicia. Sus mensajes dicen: “Violada mientras moría”, “Aún sin arrestos” y, finalmente: “¿Cómo es posible, Jefe Willoughby?”.

Willoughby (interpretado con una dulzura dolorosa por Harrelson) es el jefe local de la policía y el hombre a quien ella considera responsable de que no se haya hecho justicia, aunque no es un peso que cargue solo. También culpa a su escuadrón, a los medios locales, su ex marido y al mundo. Y allí, entre el blanco y el negro resulta claro que la singularidad de Mildred le cuesta caro, pero ella se mantiene firme aún cuando el precio incluye la felicidad de su hijo Robin (Hedges) o la salud de Willoughby (quien le confía que tiene cáncer y ella le responde con un seco: “los espectaculares no serán tan efectivos después de que te mueras”).

Hay breves indicios de quién puede ser Mildred, pero también una sensación firme de resignación —esa mujer está muerta si es que alguna vez existió—. En ella hay un ser humano duro como la roca que no tiene sino bordes afilados y un centro frío de una negrura infinita.

El guion retorcido, incendiario y a veces hilarante de McDonagh (el mejor desde In Bruges) es hermoso en boca de McDormand, provocando empatía donde parece no merecerla, incluyendo un monólogo que le echa al sacerdote local que ya en sí vale el precio de la entrada al cine.

Sin embargo, Three Billboards no es sólo la historia de Mildred, pues junto a la suya está la del policía local Dixon (Rockwell), un racista de bajo CI a quien no le importan los derechos civiles, y de alguna manera, este hombre que no merece redención y la mujer que la necesita para sobrevivir (aunque no lo sepa) están en el mismo camino.

Sam Rockwell ha construido su carrera como actor de personaje, pero en Dixon crea a uno absolutamente grandioso. El arco de Dixon —en poco menos de dos horas— es asombroso, parece imposible, y sin embargo nunca resulta poco creíble. En esto, como en muchas otras cosas, la película asombra y sorprende hasta sus últimos momentos.

VEREDICTO
Divertida, brutal e increíblemente hermosa. Dos interpretaciones crudas y excepcionales, supercargadas en el guion de Martin McDonagh, podrían convertirla en la sorpresa en la temporada de premios.

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