Anaid Ramírez | Reseñas 10/01/18

'The Shape Of Water': Una historia de amor sin clichés ni complejos

Así como Francisco de Quevedo, Jaime Sabines y otros poetas lo han hecho con sus versos, Guillermo del Toro muestra con The Shape of Water su propia definición del amor. Eso, y que es su película más optimista, resumiría en pocas palabras el más reciente filme del cineasta... pero afortunadamente hay mucho más por hablar.

Ubicándote en el Estados Unidos de 1962, el tapatío te muestra una fábula acerca de una bella y una bestia. Contrario a lo que indican los cuentos de hadas, el director te presenta a una princesa sin voz que no es precisamente la más guapa del reino, lo suyo no son los excesos y los lujos y su rutina al despertar no es cantarle a las aves, sino masturbarse. 

Por otro lado, el galán en cuestión no es un príncipe peludo que debe su condición a un hechizo, más bien se trata de una especie de deidad acuática del Amazonas, cuyo aspecto es una fusión entre sapo, salamandra y el Hombre Pálido de El laberinto del fauno. Eso en cuanto a su físico, porque conforme avanza la trama comprenderás que se trata del monstruo más amoroso que del Toro ha creado.

El idilio entre los dos personajes surge en un laboratorio secreto del gobierno estadounidense, donde ella es una empleada de limpieza y él es el objeto de estudio de una serie de investigaciones. “El gordo” crea para el romance de ese par de inadaptados en una atmósfera predominantemente azulosa y de tonos fríos, en donde convierte sus encuentros en algo muy parecido a coreografías enmarcadas por pertinentes composiciones de blues y jazz —escucharás algunos temas de Madeleine Peyroux y Trixie Smith— y les otorga diálogos —hablados y en lenguaje de señas— que seguro te llegarán.

Sí, espera mucho romanticismo, pero no algo empalagoso. Recuerda quién está detrás de todo. El amorío da pie a escenas explícitamente sangrientas, personajes que escapan de estereotipos de la manera que menos imaginarías y, sobre todo, lleva inherentemente una postura política. 

Así como la Guerra Civil Española enmarcó El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, el telón de fondo de The Shape of Water es la Guerra Fría. Además, el realizador no teme al exponer las diferencias de las minorías: los homosexuales, las personas con discapacidad, los afroamericanos y los latinos. Aquí se visibiliza a los invisibles.

El aspecto político y el amor se fusionan y fluyen a lo largo de esta cinta como pez en el agua. Y como dicho elemento, el filme adquiere forma por el envase que lo contiene, en este caso las actuaciones. Sally Hwakins, por ejemplo, no necesita utilizar su voz, le bastan sus manos y su lenguaje corporal para conmoverte y Michael Shannon se gana a pulso —y sin dedos, ya verás— el antagónico.

Al final de esta “carta de amor al amor y al cine”, como explicó el propio director en el Festival Internacional de Cine de Morelia, entenderás que eso que para Sabines “se bebe como un manantial” y para de Quevedo “es herida que duele y no se siente”, del Toro lo define simplemente como aceptación desde el inicio: “Cuando me ve, no sabe qué tan incompleta estoy. Él me ve como soy”, expresa uno de sus personajes.

VEREDICTO
Para disfrutar una historia de amor sin clichés ni complejos, pero sí con monstruos y personajes con “defectos”. Quizá pensarás que no es la mejor película de Guillermo del Toro, aunque definitivamente sí es la que te mostrará un lado de él que desconocías.

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