'El Hombre Gruñón': un retrato sobre la edad adulta, malhumor y ensayos de suicidio

Publicado el día 27 de Junio del 2017, Por Anaid Ramírez

Ver a alguien morir no es sencillo. Observar al protagonista con el rostro cambiándosele de color y gesticulando a causa de la asfixia, requiere de valor.

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SINOPSIS

El malhumor y Ove (Rolf Lassgård) son uno mismo. Quiénes más lo saben son sobre todo sus vecinos, ya que Ove invierte buena parte de su tiempo verificando que todo esté en orden en su calle y toma medidas extremas para poner en cintura a quien no acepte las reglas. Pero todo eso podría cambiar cuando una nueva familia llega a la calle.

En el trabajo acaban de jubilarlo, en su calle tiene unos vecinos desordenados y otros son muy molestos; y en el supermercado los precios no coinciden —quieren cobrarle un ramo de flores como si fueran dos—. Pareciera que el mundo no es muy amable con Ove, pero lo que más le pesa es que hace seis meses  falleció su esposa; así que concluye que es tiempo de suicidarse. 

Es por eso que Un hombre gruñón, el nuevo largometraje de Hannes Holm (Behind Blue Skies), nos convierte en acechadores de Ove. Los intentos del don de 59 años por quitarse la vida pronto se convierten en un ritual: busca su mejor traje, se unta perfume, mira alguno de los retratos de su sonriente esposa y luego elige alguna estrategia para coquetearle al fin de su existencia pero siempre algo sale mal. 

Ver a alguien morir no es sencillo. Observar a Lassgård con el rostro cambiándosele de color y gesticulando a causa de la asfixia, requiere de valor. Pero el director nos convence de aguantar unos segundos esa desesperación y seguir la trama gracias a que dota de significado esos momentos. Los "ensayos" de suicidio no son gratuitos, su objetivo es trasladarnos al pasado del personaje central y entender las motivaciones de su permanente estado grumpy.

Algunos otros flashbacks no son cortesía de esos instantes previos a la muerte en los que "ves tu vida pasar", sino por la llegada de una nueva vecina a la calle, Parvaneh (Bahar Pars), una mujer embarazada que decide ignorar el malhumor de Ove y logra descubrir su lado amable.

Esos saltos temporales entre el presente y el pasado se acompañan de otros contrastes que funcionan de manera individual. Por un lado está el rol de Ove, a veces es personaje y otras más narrador; lo que le da dinamismo y ritmo a la película. Por otro, nos encontramos con la sensación odio y luego amor que provoca el protagonista, pues mientras escarbamos para descubrir el origen de su pésima actitud; le conocemos matices dulces y honestos que provocan que se gane paulatinamente nuestro afecto.

Dichas dualidades también engranan para conseguir logros en conjunto, nos muestran cada ángulo del personaje que creó en 2012 Fredrik Backman; en la novela que sentó las bases y el nombre a esta cinta, e igualmente convierten a esta producción sueca en ejemplo para el cine hollywoodense al momento de crear un retrato más digno y mejor estructurado sobre la edad adulta. 

Y es que todo se retrata de manera cotidiana: Ove podría ser el vecino cascarrabias que no puede faltar en la colonia; los momentos que te quitarán la sonrisa no son causados a punta de pellizcos (Antes de partir), sino por el factor nostalgia; y la comedia no es una suerte de pastelazos y contrastes obvios entre la juventud y la vejez. Aquí no verás chicas en bikini observadas por el canoso protagonista (Último viaje a Las Vegas), la risa te llegará a cuentagotas pero será por la relación del protagonista con su entorno inmediato.

Las actuaciones también te atrapan y convencen. Cada grito, insulto y mirada melancólica del papel principal cobra vida y peso gracias al trabajo de Lassgård, quién a la vez hace una interpretación muy natural y logra una química muy singular con Bahar Pars.

Esta película no está libre de achaques. Sí libra bien su retrato de la adultez; pero en el caso de la historia de amor que ofrece no sale muy triunfal que digamos. La cinta no puede evitar ser "más de lo mismo" al momento de presentarnos a una pareja a partir de una retrospectiva, pero intenta dejar su marca en esa temática de los conflictos que afectan al romance protagónico y evitaando diálogos clichés.

Es sencillo minimizar esa debilidad ante el resto de los aciertos del filme, que fue nominado al Oscar como Mejor película extranjera —le ganó la maestría de Asghar Farhadi con El cliente—. Hay escenas que te estremecerán pero tardan en llegar, así que sé paciente. 

VEREDICTO

Muy al estilo Diario de una pasión, en cuanto a que es el retrato de una pareja madura desde la perspectiva y recuerdos del hombre; en ese sentido no tiene alguna novedad narrativa en esta historia de amor, pero procura evitar los lugares comunes de las cintas de romance. Su retrato sobre la edad adulta y la dinámica vecinal es lo que te atrapará.