'Las hijas de Abril': Michel Franco tiene bien merecido su éxito en Cannes

Anaid Ramírez | Reseñas 22/06/17

'Las hijas de Abril': Michel Franco tiene bien merecido su éxito en Cannes

Valeria (Ana Valeria Becerril) está en el último tercio de su embarazo y ninguno de sus padres lo sabe. Es fácil mantener el secreto pues sólo vive con su hermana mayor, Clara (Joanna Larequi), en la vieja casa vacacional de la familia, en Puerto Vallarta. Clara la convence de contárselo a su madre y ésta vuela de inmediato para encontrarse con ellas y apoyar a la menor, pero su compañía puede ser contraproducente.

Nada le impide a Emma Suárez saltar de un polo al otro y menos el hacerlo casi de inmediato. Mientras que su maternidad almodovariana (Julieta, 2016) la condujo por un estado de soledad y nostalgia, que tan sólo de mirarla y escucharla daban ganas de correr a abrazarla, el rol materno que asume en el cuarto largometraje de Michel Franco —el tercero por el que compite en Cannes—, Las hijas de Abril, la lleva al lado opuesto.

Los gastos médicos obligan a Clara (Joanna Larequi), la mayor, a comunicarlo a Abril y ella acude a su auxilio. Se aparece con maletas y los brazos abiertos, con su acento español y un montón de palabras para reconfortarlas luego de su separación, con ideas emprendedoras y una mente muy abierta. No hay regaños por parte de la madre y tampoco las adolescentes desean reprocharle algo.

Pero hay algo en ese armónico y perfecto reencuentro que no encaja. La expresión de la Abril de Suárez y la cámara fija de Franco nos sugieren que algo no muy alentador ocurrirá. Y es que estamos por ver a una de las peores madres que ha mostrado el cine mexicano: traición, venganza y más separaciones es una manera sencilla de reducir lo que estamos por ver.

Las hijas de Abril le funciona a Franco para concretar su estilo. No es condescendiente con sus personajes; cada acción y diálogo están pensados para llevarlos a la asfixia. La triada de mujeres de esta cinta, al no resistir, se ven obligadas a tomar resoluciones drásticas y hasta enfermizas, como antes lo hizo Roberto (Hernán Mendoza) cuando buscó justicia para su hija (Tessa Ia) en Después de Lucía y Mónica (Mónica del Carmen), quien desesperada por la falta de recursos, hizo hasta lo imposible por devolverle la vista a su hijo en A los ojos.

 Y sí, otra vez son contados los movimientos de cámara y hay escenas de sobra que disminuyen el ritmo de la película. Pero no creas que verás más de lo mismo porque esta vez Franco le da un pequeño giro a su rol-víctima en turno. No te contaremos el desenlace, pero podemos decir que, si no plenamente feliz, sí es más digerible.

Igualmente la cinta le sirve al cineasta mexicano para construir, al lado y con el apoyo de Suárez, al personaje más convincente de su cine. Además de ser un impulso para sus jóvenes compañeras de elenco, la actriz española hace notar la fuerza de su rol pese a mantenerse en un estado ausente. De haber querido abrazarla hace un año, ahora damos gracias de no hacerlo. Cada gesto que muestra y cada decisión que toma, nos hace pensar que es preferible la orfandad a tener un madre como esa. 

VEREDICTO
 Una trama que logra ser interesante gracias a los giros que toma, sólo que para llegar a ellos hay que alimentar un poco la paciencia. El trazo del personaje de Abril es de lo más sobresaliente de la cinta, pero es claro que no tendría el mismo efecto de no ser por el trabajo de Emma Suárez.

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