"Un gran drama no necesita disparos": 'Moonlight'

Publicado el día 22 de Junio del 2017, Por Dan Jolin

Vamos a volver a repetirlo: Esta película es imperdible.

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Es obvio que al director de Moonlight, Barry Jenkins, le importa muy poco el arma de Chéjov. En una película ambientada en Miami con dos personajes que son dealers y solo puede verse una pistola en dos ocasiones. El dramaturgo ruso Chekhov habría argumentado que estas pistolas desperdiciadas son entonces inútiles para la trama, pero viendo la segunda obra de Jenkins nada se siente innecesario. Esa es la belleza de Moonlight, no solo hace que todo se sienta profundamente relevante, si no también hermoso de alguna manera.

Esto es todo un logro, ya que cuenta con escenas de bullying en el patio de una escuela y el abuso psicológico a manos de una madre adicta al crack (Naomie Harris) y se centra en un personaje, Chiron, que se siente alienado por su sexualidad. Sin embargo, trabajando con el fotógrafo James Laxton, Jenkins le da a Moonlight una calidad visual que coincide con el título, impregnando cada escena con un brillo sobrenatural – ya sea en una clase de natación en el resplandeciente Oceano Atlántico o Chiron de adolescente aliviando el dolor de la golpiza metiendo la cabeza en un lavabo lleno de hielos. Jenkins se ha resistido admirablemente al estilo de documental falso que caracteriza muy seguido a las películas de temas callejeros y fuertes y en vez de eso sustituye los brillos por los colores saturados.